• Te dejo el dato
  • Posts
  • ¿Qué son los incels, la manosfera y la regla 80/20 que aparecen en la serie Adolescencia de Netflix?

¿Qué son los incels, la manosfera y la regla 80/20 que aparecen en la serie Adolescencia de Netflix?

No es una brecha generacional: es una brecha de conocimiento. Adolescencia, la serie de Netflix, pone sobre la mesa conceptos urgentes que la crianza digital no puede ignorar. Desde la manosfera hasta los incels, te explicamos qué significan, cómo funcionan y qué puedes hacer como madre, padre o educador.

"Le regalé una computadora. Pasaba feliz en su habitación. Yo creía que todo estaba bien."
La voz quebrada de ese padre —en la serie Adolescencia, de Netflix— no es solo la de un personaje de ficción. Es la voz de muchos padres y madres que confiaron, con la mejor intención, en que la tecnología bastaba. Que el silencio era paz. Que estar en casa significaba estar presente.

Pero lo que revela esta serie va más allá del drama. Es un espejo incómodo: un adolescente de 13 años comete un crimen y, en su confesión, empieza a hablar de términos que suenan extraños para cualquier adulto.


“Incel”, “regla 80/20”, “píldora roja”, “píldora negra”, “Chads”, “Stacys”…


Palabras que podrían pasar desapercibidas, pero que en realidad son parte de un lenguaje digital cargado de ideología, violencia simbólica y rechazo extremo hacia las mujeres.

Y lo más inquietante: tus hijos pueden estar escuchándolos, leyéndolos o repitiéndolos... sin que tú lo sepas.

En este artículo, te vamos a explicar qué significan estos términos, de dónde vienen, cómo funcionan en internet y por qué es urgente que madres, padres y educadores los entendamos.
No para controlar desde el miedo, sino para acompañar desde el conocimiento.

Porque la crianza digital no se trata solo de saber usar la tecnología, sino de comprender el mundo en el que nuestros hijos ya están creciendo.

¿De qué trata la serie Adolescencia?

Adolescencia es una miniserie británica de cuatro episodios que ha encendido conversaciones entre padres, educadores, psicólogos y especialistas en infancia. Estrenada en Netflix, combina el formato de thriller policial con una mirada profunda y sensible sobre cómo un niño de apenas 13 años puede ser arrastrado por comunidades digitales que promueven el odio, la confusión emocional y la soledad extrema.

La historia gira en torno a Jamie Miller, un adolescente común, reservado, con dificultades para encajar en la escuela, que es acusado de un crimen brutal contra una compañera de clase. Desde el primer episodio, la serie deja claro que el objetivo no es sólo descubrir si es culpable o inocente, sino entender qué lo llevó a actuar así.

Y es ahí donde Adolescencia pone el foco: no en la sangre, sino en el silencio.
En lo que no se dijo. En lo que no se vio a tiempo.
En las conversaciones que no ocurrieron.
Y en lo que la tecnología, usada sin acompañamiento, puede enseñar por defecto.

A través de entrevistas policiales, sesiones con una psicóloga infantil y escenas de la vida familiar, la serie va revelando que Jamie no sólo estaba solo en su habitación: también estaba inmerso en foros, videos y contenidos en línea que le ofrecieron una visión distorsionada del mundo. Una que muchos adultos desconocen por completo.

Adolescencia no es una serie más sobre “jóvenes problemáticos”. Es una advertencia sobria y dolorosa sobre el mundo digital que los chicos habitan cuando no estamos mirando.
Y sobre lo que pueden llegar a creer —y hacer— cuando nadie les ofrece otra versión del mundo.

¿Qué significa “incel”?

Es posible que hayas visto la serie Adolescencia y no te hayas detenido en esas palabras que el protagonista menciona con tanta seguridad: incel, regla 80/20, Chads, píldora negra. Pero para quienes trabajamos en crianza digital, esas palabras son una alarma.
Porque no son ficción, ni inventos del guión. Son términos que forman parte de un lenguaje real que circula todos los días en internet, en foros, redes sociales y canales de YouTube que tus hijos —aunque no tú— pueden estar explorando.

Por eso, en esta sección te explicamos qué significan. No para que entres en pánico, sino para que tengas el conocimiento necesario para identificar, conversar y actuar con claridad si aparece algo así en el universo digital de tus hijos.

La palabra incel proviene del inglés involuntary celibate, que en español se traduce como “célibe involuntario”. Así se identifican principalmente hombres jóvenes que dicen no poder encontrar pareja ni tener relaciones sexuales, a pesar de desearlo, y que terminan culpando a las mujeres —y a la sociedad en general— por su situación.

Lo que comenzó como un término creado en los años 90 por una mujer canadiense que buscaba crear una red de apoyo para personas solitarias, hoy ha evolucionado hacia algo mucho más oscuro. En la actualidad, el término incel está vinculado a comunidades en línea donde el resentimiento, la misoginia y el odio hacia las mujeres se han convertido en el lenguaje común.

¿Qué piensan los incels?

En estos foros, los incels comparten la creencia de que:

  • Las mujeres solo se sienten atraídas por hombres extremadamente atractivos o exitosos (“Chads”).

  • Las mujeres promedio (“Stacys”) desprecian a los hombres comunes y los usan.

  • La genética y la apariencia lo determinan todo: si no naciste atractivo, estás condenado al rechazo.

  • El feminismo y la “hipergamia femenina” han desequilibrado el mundo en su contra.

Detrás de todo esto hay una idea peligrosa: creen que tienen “derecho” a tener sexo y pareja, y si no lo consiguen, alguien debe tener la culpa. En muchos casos, esa culpa recae en las mujeres, los hombres que “sí triunfan” y en una sociedad que, según ellos, les ha dado la espalda.

¿Por qué es preocupante?

Porque en algunos casos, este pensamiento no se queda solo en la queja. Ha habido actos de violencia extrema perpetrados por jóvenes que se identificaban como incels. En 2014, por ejemplo, un joven llamado Elliot Rodger asesinó a seis personas en California y dejó un manifiesto en video explicando que lo hacía porque las mujeres lo rechazaban. Su figura se convirtió en un “mártir” para ciertos foros incel.

Y aunque no todos los incels son violentos, muchos de estos espacios funcionan como cámaras de eco: refuerzan la autocompasión, el odio y la idea de que el mundo está en su contra. Todo esto sin intervención adulta, sin contraste, sin contexto.

¿Y qué tiene que ver esto con nuestros hijos?

Mucho. Porque hoy estos discursos ya no están escondidos en rincones oscuros de internet. Están en TikTok, en YouTube, en Discord, en Reddit.
Y están envueltos en memes, en lenguaje irónico, en códigos visuales que los adultos no entendemos.

Adolescencia, la serie, muestra justo eso: un niño de 13 años que, sin que nadie lo note, empieza a adoptar ideas que justifican la violencia, la humillación y el odio, todo porque encontró respuestas —aunque equivocadas— a sus inseguridades en los lugares menos indicados.

emoji keyboard on android device

Después de escuchar por primera vez la palabra incel, muchos padres piensan que se trata de un término aislado, algo marginal y propio de adolescentes con dificultades sociales. Pero la realidad es mucho más amplia: los incels son solo una parte de un ecosistema digital más grande y mucho más complejo. Ese universo se llama manosfera (manosphere, en inglés).

Si tu hijo pasa tiempo en YouTube, TikTok, Discord o foros como Reddit, es probable que ya haya tenido contacto con este mundo —aunque ni tú ni él se hayan dado cuenta de que tiene nombre.

¿Qué es la manosfera?

La manosfera es un conjunto de comunidades digitales donde hombres de distintas edades comparten discursos misóginos, antifeministas y profundamente distorsionados sobre las relaciones entre hombres y mujeres.

Estas comunidades han crecido en redes sociales, foros abiertos como 4chan, y espacios de streaming. Su objetivo aparente varía: desde dar consejos de “seducción”, hasta crear espacios de “apoyo emocional masculino”. Pero en la práctica, muchas veces funcionan como cámaras de eco para la culpa colectiva hacia las mujeres, la victimización masculina y, en los casos más extremos, la apología de la violencia.

¿Qué grupos la conforman?

El artículo de BBC Mundo —inspirado en la serie Adolescencia— lo deja claro: dentro de la manosfera encontramos varios subgrupos con ideologías específicas pero interconectadas:

  • Incels (célibes involuntarios): creen que las mujeres los rechazan por su físico o estatus social, y que el sistema está amañado contra ellos.

  • MGTOW (Men Going Their Own Way): hombres que promueven cortar toda relación con mujeres, evitando noviazgos, matrimonios o cualquier tipo de vínculo afectivo con ellas.

  • Pick-Up Artists (PUAs): enseñan técnicas de seducción que cosifican a las mujeres y las presentan como “trofeos” a conquistar.

  • Activistas por los derechos de los hombres (MRAs): con un enfoque más político, denuncian que el feminismo ha perjudicado legalmente a los hombres (por ejemplo, en custodia de hijos o denuncias de abuso).

  • Red pill / black pill: quienes aseguran haber “despertado” ante una supuesta verdad: que los hombres han perdido el control del mundo, y que las mujeres solo eligen a los más atractivos, ricos o dominantes.

¿Y por qué esto debería preocuparnos?

Porque el paso de una comunidad a otra suele ser progresivo: un adolescente que busca en YouTube “cómo hablarle a una chica” puede terminar, unos clics después, viendo videos donde se afirma que “las mujeres arruinan vidas” o que “el sistema está diseñado para humillar a los hombres”.

Y porque esta radicalización digital no se queda solo en ideas. En varios casos, ha llevado a actos de violencia en el mundo real:

  • En 2014, Elliot Rodger, un joven que se definía como incel, asesinó a seis personas en California. Dejó un video y un manifiesto justificando sus actos por el rechazo de las mujeres. Hoy es considerado un “mártir” por algunos foros incel.

  • En 2018, Alek Minassian atropelló con una camioneta a diez personas en Toronto. Antes del ataque, publicó en Facebook: “La rebelión incel ha comenzado.”

  • En 2021, en Reino Unido, Jake Davison asesinó a cinco personas tras consumir contenido vinculado a esta ideología. El caso reavivó el debate sobre si los incels deben considerarse como una forma de terrorismo doméstico.

Como señala Florence Keen, investigadora del King's College de Londres, muchos de estos foros tienen miles de usuarios activos y cientos de miles de publicaciones, muchas de ellas cargadas de resentimiento, odio y violencia simbólica.

¿Qué relación tiene esto con la crianza digital?

Es fundamental. Porque la manosfera no vive en una esquina oculta de internet. Está presente en TikToks virales, en videos con estética profesional, en podcasts que hablan de “masculinidad real” y en frases de moda que se cuelan en los chats escolares.

El algoritmo no distingue entre contenido saludable y radicalización disfrazada de autoayuda. Si un niño o adolescente siente frustración, soledad o confusión —cosas normales en la etapa que vive— y no encuentra adultos disponibles que le ayuden a procesarlas, es probable que internet le ofrezca respuestas rápidas… y peligrosas.

Desde la crianza digital, el desafío no es sólo saber que esto existe. Es reconocer las señales, abrir conversaciones y crear una relación de confianza que permita intervenir antes de que sea tarde. No se trata de tener miedo, sino de tener herramientas.

La regla 80/20: la estadística que no es tal

En uno de los momentos más inquietantes de la serie Adolescencia, el protagonista —un niño de apenas 13 años— le explica a su psicóloga que “el 80% de las mujeres se siente atraído solo por el 20% de los hombres”. Lo dice con convicción, como si repitiera una verdad científica.

No es una cifra al azar. Es lo que en los foros incel y otras comunidades de la manosfera se conoce como la regla 80/20. Y aunque suena a dato matemático, en realidad es una distorsión peligrosa de la realidad, que puede afectar profundamente la autoestima, las relaciones y la visión del mundo de los adolescentes.

¿Qué dice esta “regla”?

La teoría 80/20, tomada de forma errónea del principio de Pareto, sostiene que:

El 80% de las mujeres solo desea al 20% de los hombres más atractivos, exitosos o dominantes.
Y que el 80% restante de los hombres —los “normales”, los “promedio”— quedan fuera del juego.

En este razonamiento, los adolescentes internalizan la idea de que las mujeres son “hipergámicas por naturaleza”, es decir, que solo se interesan por hombres “mejores que ellas” en apariencia, estatus o poder. Por lo tanto, si no estás en el top 20%, no tienes ninguna posibilidad.

¿Qué consecuencias tiene?

Este tipo de pensamiento genera varios efectos graves:

  • Refuerza la desesperanza: los chicos que no se perciben como atractivos sienten que están condenados al rechazo.

  • Fomenta el odio: si las mujeres solo “eligen al mejor postor”, entonces se convierten en enemigas.

  • Justifica la inacción: ¿Para qué mejorar, ser amable o trabajar en uno mismo si el sistema está amañado?

En Adolescencia, Jamie cree que Katie lo rechazó porque él no es parte de ese 20%. No considera su personalidad, su historia compartida o su actitud. Solo ve números. Y eso no es casualidad: es lo que aprendió en internet.

¿Qué dice la ciencia?

La psicología evolutiva reconoce que las personas pueden tener ciertos sesgos de atracción, pero reducir el comportamiento humano a una tabla de porcentajes es una visión profundamente simplista y dañina.

Estudios sobre relaciones interpersonales muestran que la atracción está influida por múltiples factores: la personalidad, el humor, los intereses compartidos, la empatía, el contexto social, entre otros. Lo físico importa, sí, pero no lo es todo, y mucho menos en relaciones duraderas.

Lo que ocurre en estos foros es un fenómeno llamado distorsión cognitiva colectiva: miles de jóvenes aislados refuerzan entre sí una narrativa negativa, sin contraste, sin matices, sin evidencia.
Y eso no solo daña su forma de ver el mundo. Los deja solos, dolidos y enojados.

¿Y cómo entra la crianza digital aquí?

Si tu hijo está enfrentando inseguridades —sobre su apariencia, sus relaciones, su autoestima— y no encuentra un espacio seguro donde hablarlas, buscará respuestas donde pueda. Y hoy, muchas de esas respuestas vienen envueltas en lenguaje seductor, pero cargadas de ideología tóxica.

Por eso es tan importante que desde casa hablemos de cómo se construyen los vínculos, de cómo funciona la atracción más allá del físico, de cómo los cuerpos y los afectos son diversos y válidos.
Porque si no lo hacemos, alguien más lo hará. Y probablemente no sea alguien con buenas intenciones.

El lenguaje oculto: emojis, códigos y jerga

En Adolescencia, una escena aparentemente simple revela algo profundo: una adolescente escribe un comentario en redes sociales burlándose de Jamie, el protagonista, usando un emoji de frijol.
Lo que parece un chiste sin importancia es, en realidad, una etiqueta cargada de sentido en la cultura digital adolescente. El frijol, en ese contexto, significa incel.

Sí, un frijol.

Este tipo de códigos no es exclusivo de la serie. Es parte de un lenguaje real que circula entre adolescentes y que muchos adultos no entienden, porque no lo vemos venir. A veces son emojis. A veces palabras en clave. A veces siglas. Pero siempre tienen algo en común: permiten hablar de temas sensibles, muchas veces violentos o sexualizados, sin que los adultos lo noten.

¿Por qué los adolescentes usan estos códigos?

Por varias razones:

  • Para ocultar conversaciones a padres y docentes.

  • Para evitar censura algorítmica en plataformas como TikTok o Instagram.

  • Para pertenecer a un grupo o comunidad online, usando su jerga.

  • Para burlarse o insultar sin que sea evidente.

En el caso de las comunidades de la manosfera —como los incels o los seguidores de la red pill— estos códigos funcionan como marcas de identidad, como una especie de “club secreto” al que solo entran quienes ya conocen las reglas.

Algunos ejemplos reales

Basados en lo que muestra la serie y en investigaciones recientes (incluido el artículo de BBC Mundo), estos son algunos de los códigos más comunes:

  • 💊 Píldora roja / píldora negra: representan dos niveles de radicalización. La roja es el “despertar” ante la supuesta verdad de que los hombres están oprimidos. La negra es la resignación total: no hay nada que hacer, el sistema está perdido.

  • 🍚 Frijol o arroz: usado como emoji para decir incel sin escribir la palabra.

  • 💜 Corazón morado: en ciertos chats adolescentes, simboliza deseo sexual o estar “caliente” (muy distinto a lo que un adulto podría interpretar).

  • ☕ Taza de café: se usa en algunos círculos para referirse con desprecio a mujeres “feministas” o “demasiado correctas” (las llaman “cuentas cafeteras”).

  • 🐸 Rana: símbolo asociado con foros como 4chan, donde se originan muchos discursos de odio disfrazados de memes (ejemplo: el personaje Pepe the Frog).

Estos códigos cambian con el tiempo, pero el fenómeno es constante: la creación de un lenguaje que escapa al radar adulto.

¿Qué podemos hacer desde la crianza digital?

No se trata de volverse expertos en jerga adolescente, ni de fiscalizar cada emoji. Se trata de reconocer que existe un universo simbólico que puede estar ocultando malestar, odio o violencia.

  • Si ves emojis o frases repetidas que no comprendes, pregunta sin juicio.

  • Si tu hijo o hija reacciona de forma defensiva, busca momentos más seguros para conversar.

  • Si notas cambios en el lenguaje, el humor o los referentes digitales, no lo tomes a la ligera.

Y sobre todo, mantén abiertas las puertas del diálogo. Cuando los adolescentes sienten que pueden hablar de todo, no necesitan esconderlo todo.

Young man playing PUBG Mobile with iPhone

¿Cómo llegamos hasta aquí sin darnos cuenta?

La respuesta es tan dolorosa como común: porque confundimos silencio con tranquilidad.
Porque pensamos que si nuestro hijo está en su cuarto, en casa, “no se está metiendo en problemas”.
Porque delegamos en los dispositivos un rol que solo los adultos deberíamos asumir: el de acompañar, contener y formar.

En Adolescencia, el padre llora cuando entiende que no supo ver lo que estaba pasando. Que mientras él trabajaba largas horas, su hijo crecía rodeado de pantallas, solo, buscando sentido en un mundo digital que sí estuvo disponible para él… incluso cuando sus padres no lo estaban.

Ese momento resume un riesgo silencioso en la crianza digital:

Cuando no estamos presentes, el algoritmo cría por nosotros.

La presencia no es física. Es emocional, curiosa, activa.

No basta con estar “en casa”. Lo importante es estar disponibles:

  • Para preguntar cómo se sienten.

  • Para conversar sobre lo que ven en internet.

  • Para detectar cambios en su lenguaje, en su humor, en sus referentes.

  • Para ser un filtro humano ante un mundo lleno de ruido.

¿Qué podemos hacer como madres, padres y educadores?

  1. Informarnos. Entender los términos, las dinámicas, las plataformas. No desde el miedo, sino desde el interés genuino por el mundo de nuestros hijos.

  2. Crear puentes, no muros. Preguntar sin burlas. Escuchar sin interrumpir. Mostrar que somos un lugar seguro para hablar de lo incómodo.

  3. Modelar pensamiento crítico. Cuestionar lo que vemos en redes, analizar discursos, hablar de género, de emociones, de soledad, de poder.

  4. Reconocer nuestras ausencias. A veces no es culpa, sino falta de información o agotamiento. Pero sí es nuestra responsabilidad construir presencia a partir de ahora.

  5. Buscar ayuda si es necesario. Psicólogos, orientadores, docentes, comunidades de crianza digital como esta. Nadie cría solo.

Un llamado a la acción

Nuestros hijos no necesitan adultos perfectos. Necesitan adultos presentes, informados y dispuestos a crecer junto a ellos.

En un mundo donde los algoritmos hablan más que los padres, la presencia consciente es el acto más revolucionario de la crianza.

Si alguna vez has sentido dudas en la crianza o quieres herramientas reales para acompañar a tu hijo desde el respeto, este curso es una inversión invaluable.

📢 ¿Quieres más info? Aquí te dejamos el enlace para que lo explores:

La crianza es un viaje lleno de aprendizajes, desafíos y momentos que nos ponen a prueba. No hay una única forma de hacerlo bien, pero sí existen herramientas que pueden hacernos el camino más claro y llevadero.

Nosotros tomamos este curso porque queríamos criar con más confianza y menos culpa, y hoy podemos decir que fue una de las mejores decisiones que hicimos como padres. No solo nos ha ayudado a comprender mejor a nuestra hija, sino que también ha transformado la forma en que nos relacionamos con ella.

💡 Ahora queremos saber de ti:
📌 ¿Cuál ha sido tu mayor desafío en la crianza?
📌 ¿Qué estrategias te han funcionado para conectar mejor con tu hijo?
📌 ¿Has pensado en formarte más en crianza respetuosa?

Déjanos tu comentario o respóndenos en nuestras redes, ¡queremos leerte! Y si crees que este curso también puede ayudarte, aquí te dejamos el enlace para que lo descubras:

📢 Más información sobre el curso aquí 👉 Quiero Saber del Curso

Gracias por acompañarnos en este espacio de aprendizaje y reflexión. Juntos estamos construyendo una crianza más consciente, amorosa y respetuosa. 💙

Reply

or to participate.